Presencia
Imagina que la materia recuerda un momento del que no has sido testigo.
A veces el mundo parece intacto, y sin embargo basta una sola línea fuera de lugar para demostrar lo contrario. Esa torsión mínima, la de un color que cede, una forma erosionada, revela más que la acumulación del paisaje. Ahí comienza mi atención: en la grieta, en aquello que se niega a fijarse para que podamos ignorarlo.
Pero esa figura nos reclama porque no es externa al cuerpo ni a los gestos que encarna. Es el resto del roce de lo que ya existe, el polvillo que desprende una fricción. Estos intersticios de la conciencia no señalan una excepción, sino la percepción de una simbiosis que insistimos en negar.
Suelta la punta de una certeza y persigue el perfume de lo que está protegiendo.
La tierra tiene una forma particular de responder al contacto: no retrocede ni cede, simplemente permanece registrando la presión con la que nos acercamos. Creo que esa neutralidad es una forma de juicio. No acusa ni perdona; solo muestra la exactitud de nuestro gesto. Tal vez la atención comience cuando aceptamos que el mundo no tiene ninguna obligación de recibirnos con amabilidad.