Caja
La caja respira.
La llamo mundo porque debo hacerlo.
Dentro, un animal pequeño se mueve en círculos.
Mira las paredes buscando grietas de luz.
Afuera, todo corre:
risas, motores, neones, clima.
Lo escucho como desde debajo del agua.
El animal apoya la oreja contra la pared.
Nadie lo ve.
Nadie sabe el fuego que guarda.
Ese fuego no es espectáculo.
Es una brasa sostenida entre las costillas.
Un calor que nunca estalla, solo arde lento.
A veces el animal quiere romper la caja.
A veces quiere desaparecer dentro de ella.
Ambos deseos son el mismo.
Y aun así—
hay momentos en que la tapa se mueve.
Entra una brisa.
El animal levanta la cabeza.
Vivo para esas breves aperturas.
Donde lo adentro toca lo afuera
y recuerdo que yo también estoy hecha del mundo.
La caja se expande.
El animal respira.
El fuego continúa.
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